Carta de amores

Querida,
 
Me salpicó jugo de mi naranja en el ojo mientras la pelaba, y pensé en ti, en la comida que compartimos y en los besos que me robé. También huelen los dedos, pero tal vez será por los abrazos largos y apretados que nos rompieron, que nos presionaron la piel hasta los moretones. He subido al avión arrastrando un mes de incertidumbres, de amor y de parpados húmedos. Traje olor a curtiembre marroquí, a queso de los Alpes, a hidromiel y a flor de cactus, pisé arena gruesa como granos de cuscus, mezclé henna con vino blanco para dibujar con ese pigmento tu rostro. Sorbiendo el té con hierbabuena, siento que se me quema la lengua. Pero no es de calor, sino de lo helado que se siente aquí, solo, a pesar de los 42°C a la sombra. Las reflexiones se empujan, cada una quiere convencerme y todas tienen un argumento interesante.

« Francia es una vieja señora que le tiene miedo al cambio ». Y es cierto, lo que me dice el muchacho, al entregarme la bolsita de quesos frescos, promesa de un almuerzo nostálgico, barato y añorado. « Marruecos y el mundo árabe vive en la sombra de su antigua gloria ». Miércoles, es verdad. Qué pasó, que el planeta y los historiadores se olvidaron que en el siglo X, la Edad Media europea se resumía a ciudades hediondas, la pestilencia en la calle, y el oriente lideraba tanto en ciencia (traducida y adaptada de los griegos y Chinos) como en refinamiento. Y ahora el viejo continente se apoderó de todo y nadie le reconoce nada a los pobres morenos. Y pienso, « qué destino tan triste ».

De nuevo, un desafío/propuesta/grito del corazón de Magali hace que algunos tomemos los teclados-plumas y escribamos cosas. Aparentemente, se trata de amor. Aqui hay amor platónico, amor intenso y calculado, hay amor biológico también. Por eso es una carta de amores, no de amor. Agrego luego un poema en respuesta a un « Lo adoro », porque no me parece que haya que adorar simples mortales, amarlos ya es suficiente, la adoración no trae nada bueno.
No me adore señorita
Que no soy ni santo ni semi-dios ni ídolo
Soy un hombre de hombros delgados,
polvo tierra y arrugas,
Ámeme señorita
Que soy su hermano su amigo su corresponsal del desierto
invisible en las dunas, presente en las orejas

Abráceme señorita
Que siente su piel, que vea usted el vello de mis brazos
electrizarse en la tormenta del apretón
Que huela los aromas, insaciable
Que apague las pupilas inminentes
Sonríame señorita
Que los dientes de papel
Se mezclen con las palabras y
La tinta de las comisuras
de sus labios agrietados
manche la hoja del encuentro
Escríbame señorita
que lo hace usted tan bien
en los amaneceres de nubes algodón de azúcar
en las piedras de la tarde
y en la suspensión de los momentos
Ponga su mano el la mía, señorita
que me caigo
en las delicias del cardamomo
y el horror de la noche sin estrellas

Y va con un mixtape bien suave del genio Blundetto:

Blundetto - Going West

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