Sweet melodías. Alboroto y algarrobo en la casa de las poetas.

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Corren. Gritan, bailan. Suben y bajan escaleras, se ríen, se aíslan para hablar entre ellas de sus penas, toman té o café con leche juntas, desaparecen a sus habitaciones… Y escriben, dibujan. Podría estar hablando de mis cinco hermanas (uy) pero no. En una casa de un barrio verde y lejano del centro de Buenos Aires, existe un lugar donde niñas crean universos coloridos. Y como a mis hermanas, les cociné un budín para merendar.

Primero, juntamos los ingredientes: Sol, con la ayuda de Giu, se encargaba de las almendras y nueces partidas, ella que escribe sobre los corazones, enteros o rotos. Con Marina nos fuimos por el mediterráneo, nosotros que nacimos « ahí »: no teníamos dátiles, pero sí damascos, peras e higos secos, pasas de uvas directamente importadas de nuestros desiertos interiores o virtuales. Mirando la manteca desde otra dimensión, Magali la derretía, aportando calor escalofriante. Como heredero de la arena y del sol, preparo las harinas, la de algarroba, ingrediente principal, y la de trigo, para mezclar.

Hablando de trigo: donde está Yami y su cabello largo de espiga? Ah, otra vez se escapó a bailar. Acompañemosla:

Outlines – Just a Lil’ Lovin’

Bien, los pies satisfechos de su contacto con el suelo, sigamos. Dos dosis (o tazas) de harina de algarroba, una de blanca. Una cucharada de polvo de hornear. Tres cucharadas soperas de cacao amargo, para equiparar la dulzura del momento. El polvo marrón color piel de trigueño se mezcla con una dosis de azúcar, azúcar rubia. Aquí se mestiza la cocina: los rubios, los bronceados, todos estamos juntos. Todos hablamos el mismo lenguaje: el silencio. En el pozo, como agujero perforado en el mundo, echamos la manteca derretida (100g), líquida de recibir tantas sonrisas bajo el sol. Luego, dos huevos. Y finalmente, los frutos secos, en una fiesta de colores y olores, a voluntad.

Aunque ninguno de nosotros parezca caber en un molde, el budín sí se inserta, recibe la cocción del horno mientras se baila de nuevo en el patio interno. « Lucky boy », pienso en el momento, feliz de la dicha mía:

Outlines – Lucky Boy

Llega el momento de saborear el postre, rápido porque ya nos tenemos que ir. El humo del café penetra por los ojos, las narices, llega al cerebro y se imprime en la memoria. Las manos comparten el plato, al estilo árabe, picamos dentro del molde. Los dedos van y vienen. Miran a los ojos sonriendo de saciedad y complicidad. 

Hoy la casa se ve un poco mas vacía. Dos de las poetas ya no están, sus cuerpos se han ido. Pero sus presencias, sus palabras y sus ojos juguetones espían las escenas del cotidiano de las otras dos hermanas. Recordaré este momento breve pero importante, como el día que materializamos todo en un acto de amor culinario. Y sobre todo, porque gracias a su inspiraciones, aquellas hermanitas me han mostrado los « indicios » que buscaba para no « cansarme ».

José Gonzalez – Hints

 Así es la casa de las poetas.

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Une réflexion sur “Sweet melodías. Alboroto y algarrobo en la casa de las poetas.

  1. Casualmente acabo de volver de la verdulería. Había un bolsón enorme de nueces con cáscara, y claro, no pude evitar pensar en un budín mestizo y una casa en un pasaje lejos del ruido. Gracias ♥

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